Este es un blog que hoy empiezo con el proposito de compartir, procesar y aclarar algunos conceptos que atañen a los creyentes de la fe cristiana. No intento hacer un foro religioso o sectarista, y me abstendré de atacar otras religiones, a menos que haya que aclarar creencias erroneas a la luz de la Biblia. Busco, a traves de un estudio profundo de la palabra, contestar algunas preguntas de aquellos que tienen dudas (yo incluido) acerca de la forma en que algunas creencias y doctrinas han sido transmitidas a traves del tiempo. Para esto tendré que indagar en diferentes materias de estudio bíblico tales como la hermenéutica, historia, arqueología y algunas otras, que harán la misión más práctica e ilustrativa. Un punto muy importante que hay que tomar en cuenta es el hecho que hay cosas que no se pueden explicar o comprobar científicamente; donde la comprensión de las tales depende exclusivamente de la fe del individuo y/o de la revelación del Espíritu Santo.

Habiendo dicho ésto, empecemos nuestro recorrido...

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Sunday, March 11, 2012

El exorcista, más allá de lo sensacional



Era el año 1973, y había ya una forma diferente de hacer cine en Hollywood. Una nueva generación de actores y actrices emergía: Al Pacino, Robert De Niro, Meryl Streep, Dustin Hoffman y tantos otros; y todo filme en que estos actuaran aseguraba por lo menos un éxito relativo en las salas de cine. Pero hubo ese año una cinta que no contó con las actuaciones de ninguno de estos artistas sensación y que, sin embargo, se convirtió en un verdadero golpe taquillero y toda una película de culto: El exorcista. Aparte también de ser considerada por algunos críticos como la mejor película en el género llamado "de horror".
      Y la razón por la que hoy me ocupo de esta cinta es porque, no sólo es esta una historia basada en hechos reales de lo sobrenatural, sino que trata de posesión demoniaca y un exorcismo, cuya ejecución representa las características distintivas de una práctica de este tipo, desde el punto de vista de la teología católica.
     El filme, como expresión artística tiene lo suyo: buen guión, diálogos y una fotografía impecable, con la aportación musical de Mike Oldfield, cuya ejecución en parte de la banda sonora se convierte también en parte esencial de la trama, al imprimirle esa atmosfera de calma tensa, en los momentos en que las escenas fuertes no tienen al espectador con los pelos de punta.
     Otro elemento invaluable es la dirección del cineasta William Friedkin, cuyo estilo, con su trasfondo teatral, hace de las escenas en espacios cerrados un verdadero tour de forcé. Y hago hincapié en la experiencia teatral del director, porque ésta se evidencia en su forma de tratar, no sólo las escenas en espacios reducidos, sino también su selección de tomas fotográficas, diálogos y efectos de sonido --todo un viaje audiovisual y sensorial, en general, para el espectador--, que hacen sentir a uno que es parte de lo que está pasando ahí; oliendo los olores del medio ambiente (en el cuarto donde se lleva a cabo el exorcismo), padeciendo las expresiones verbales de la victima de posesión y sintiendo la temperatura helada en extremo de una habitación que está sitiada por el maligno.
     La simbología del filme (p. ej. gárgolas que representan animales fantástico-demoniacos, parecidas a los hallazgos arqueológicos hechos --en la película-- en zonas de conflicto espiritual con el cristianismo, como Iraq) también imprime a la trama esa sensación de lo milenario, que tal vez quiera representar la antigua lucha del bien contra el mal. 
     Y esto nos trae a la escena inicial del filme, en que uno de los protagonistas de la película, un viejo sacerdote-arqueólogo, hace trabajos de excavación arqueológica en Iraq. Aunado al hallazgo de unos figurines de ritual satánico que yacen junto a un medallón católico, el cura presencia una pelea de perros (uno negro y otro blanco), que acaso también simbolice la lucha del bien contra el mal.
     Después, la historia es llevada a Georgetown, Washington D.C., en la casa de la actriz, atea, Chris MacNeil, cuya hija, Regan, empieza a exhibir lo que parecen síntomas de alguna sicosis mental. Sólo que el fenómeno éste va más allá de las características actitudes y conductas de los enfermos mentales, ya que las camas empiezan a temblar y moverse inexplicablemente, junto con otras cosas; con ruidos y sonidos bastante extraños ramatando todo aquello. 
     Regan es sometida a extenuantes exámenes y consultas, y el medicamento Ritalin es prescrito, para tratar lo que los doctores creen pueda ser un problema de transtorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Pero como nada funciona, y después de agotar recursos, a un doctor se le ocurre sugerir que se busque ayuda espiritual, para tratar un posible problema de auto-sugestión, mismo que tal vez, según él, pudiera curarse con el “engaño” de un ritual religioso. Y es así como llegan en contacto con un sacerdote-psiquiatra: el padre Damien Karras. 
     Lo que viene después es lo que hace de la película el sensacional fenómeno de taquilla. El padre Karras tiene que someter a Regan a un estudio intenso, y hasta no estar seguro que lo de Regan es de índole espiritual, él no hace nada en relación a un exorcismo. Y hay que observar aquí que  un exorcista católico no efectúa el rito exorcista a menos que haya habido un previo estudio psiquiátrico o psicológico de los síntomas del afectado y comprobar que, en efecto, las conductas, actos y actitudes son de carácter sobrenatural. Para esto la victima debe de exhibir algunos poderes sobrehumanos, tales como la habilidad de hablar alguna lengua previamente desconocida para ellas, revelar hechos que ellas no pudieran saber, fuerza sobrehumana y aversión a los sacerdotes, sacramentos y liturgia católica, características que Regan reunía. Así llegamos al meollo del asunto.
     El padre Karras recluta al experimentado sacerdote-arqueólogo, el padre Merrin, y juntos empiezan la lucha contra los demonios que habitan en Regan; lucha que es librada en el nombre de Jesús y de la virgen María, y en la que ambos, Karras y Merrin, acaban perdiendo la vida. El anciano padre Merrin muere de un paro cardiaco y Karras se lanza por la ventana golpeando su cuerpo contra unas escaleras de piedra y cemento, a unos diez metros de alto, después de haber sido poseído por uno de los demonios expulsados de Regan. 
     Una cosa que quiero aclarar es que, aunque, aparentemente Regan fue liberada  del dominio satánico, desde el punto de vista teológico y bíblico, el ritual, que es la parte primordial de ésta historia, fue un fracaso porque en el proceso murieron los emisarios de Dios. E incluso, al final de la película, Regan hace una mueca que deja al espectador inquieto e inseguro de que en verdad haya sido liberada. Y es que, cuando se trata de exorcismos o cualquier otro tipo de batalla espiritual, solamente el nombre de Jesús es poderoso.  Dice el libro de Hechos 4.12: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos”. Y la Biblia no le concede a María más que ser el conducto humano por el cual nació el Salvador --y su fe y obediencia, desde luego--, pero hasta ahí; no poder más allá de eso. He ahí el fracaso del ritual.   
     Y lo mismo pasa en otras dos películas, de cierta prominencia, que tratan el tema del exorcismo: “El exorcismo de Emily Rose” y “El rito”; ambas también con un final triste, donde el principal fracaso (aunque no declarado en la trama) radicó en el uso del nombre de María para redención. Dice la palabra que cuando Pablo lidiaba con la muchacha que tenía espíritu pitónico: “Se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora”, Hechos 16.18; y esta es básica teología bíblico-cristiana. Pero, curiosamente, es también eso lo que les da a los mencionados filmes un carácter realista, y por ende más digerible: que los protagnistas fracasen debido a su mal entendida teología.
     Para cerrar quiero agregar un dato curioso. Por más de veinte años nadie supo que es lo que puso a la muchacha en ese estado (en la cinta), y no fue hasta que salieron con una nueva versión, que incluía escenas que habían sido excluidas de la versión original, que supimos que la muchacha había sido poseída a causa de pasar horas jugando con la tabla Ouija.

Thursday, May 26, 2011

Van Gogh y el celo de Dios

De los grandes artistas que ha dado el mundo, hay uno que hoy tiene la misma vigencia que tenía hace más de 100 años: Vincent Van Gogh.  El extraordinario artista danés fue conocido por su arte expresivo de asco, angustia y desesperación por los tiempos modernos; algo parecido a lo que ha hecho famosos y ricos a artistas como Jean Paúl Sartre, en la literatura, y a al grupo Pink Floyd, en la música.  Pero lo que la mayoría de la gente ignora es que alguna vez Van Gogh fue un hombre de fe.
     “Todo lo que es verdaderamente bello y bueno, de belleza interior moral, espiritual y sublime en los hombres y sus obras, creo que todo viene de Dios”, escribió el artista a su hermano, Theo, en 1880.  Y luego añade, “estoy siempre inclinado a creer que el mejor medio de conocer a Dios es amarlo mucho.  Hay que amar desde una alta y seria simpatía íntima, con voluntad, con inteligencia, y hay que tratar de saber siempre más y mejor.  Esto conduce a Dios, esto lleva a la fe inquebrantable”.
     En el tiempo que Van Gogh escribió estas cartas estaba tratando de conseguir una plaza como misionero en Inglaterra, petición que le fue negada por no tener 25 años de edad. Esto, aunado a otros sucesos, contribuyó a una creciente amargura en el ánimo del pintor, que lo llevó a alejarse del camino del ministerio y a lidiar eventualmente con problemas emocionales y mentales, mismos que lo llevarían al suicidio.  “Tú sabes bien que una de las raíces o verdades fundamentales no sólo del Evangelio, sino de toda la Biblia, es: ‘La luz que brilla en la tinieblas’”, decía con vehemencia al escribirle a su hermano acerca de su impresión por el rechazo recibido.
     Hay algunos cuadros que son muy representativos de ésta etapa en el artista, como las pinturas Biblia abierta, Pieta, A la puerta de la eternidad y algunos dibujos con escenas de hombres y mujeres orando.
     Biblia abierta es un óleo donde quizá se representa más claramente la convicción espiritual de Van Gogh. Una Biblia abierta reposa sobre una mesa, con una veladora a punto de extinción en el fondo.  El trasfondo oscuro y el predominio del amarillo le dan a la pintura un estilo que recuerda a Rembrandt.  Enfrente de la Biblia está un libro pequeño de Emilio Zola, La Joie de Vivre, que muchos interpretan como una forma de darle preeminencia a la lectura mundana sobre la lectura religiosa.
     De que el artista estaba asqueado de la religión y la hipocresía de los burócratas religiosos, no cabe duda. Pero el cuadro éste, pienso yo, muestra una verdadera reverencia del pintor hacia la verdad contenida en la Biblia, a pesar de las religiones mal encauzadas. Además, la Biblia de Van Gogh está abierta en el capítulo 53 de Isaías: “…más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados…”.
     Para éste texto utilicé referencias extraídas del libro Cartas a Theo (1977), de Vincent Van Gogh.

Tuesday, March 29, 2011

La poesía y el amor que redime

 “No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido”, dicen los primeros versos de “A Cristo crucificado”, soneto clásico de la poesía española; conocido por una máxima devoción expresada, que exalta, además, el sufrimiento de la crucifixión y el único tipo de amor que puede llevarnos a la redención: el amor a Dios. 
     Hasta hace algún tiempo, criticos y estudiosos no daban pie con bola respecto a la autoría de dicho soneto, y varios nombres se barajaron, incluido el de él poeta nicaragüense Rubén Darío. Después de varias elucubraciones, se llegó a la conclusión de que el autor no fue otro que Fray Luis de Guevara, religioso agustino que vivió de 1585 a 1646, aproximadamente. De acuerdo al libro La literatura mexicana, de Felipe San José G. (1985), él fraile mexicano fue conocido por versos y sonetos con un profundo acento místico, lo que hace más fácil la asunción acerca de su autoría del poema. 
     La razón principal por la que yo dudo que alguien con el talento y la inspiración de Rubén Darío fuera el autor de tal pieza, es porque, primero que nada, el caracter liberal de Darío y sus ideas sofisticadas acerca de lo espiritual distan mucho de ofrecer pistas acerca de un posible fervor cristiano. Además,  existen datos indicando que el hermoso texto apareció publicado por primera vez allá por el año 1628; y el autor de "Primaveral" no nacería hasta doscientos sesenta y un años más tarde.
     A continuación transcribo el poema para los que gustan de la verdadera poesía: 

No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido,
ni el infierno de todos tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves Señor: muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme en fin tu amor, de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera.

No tienes que me dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara
lo mismo que quiero te quisiera.

     Básicamente, lo que el poeta dice es que, cuando aprendemos a amar a Dios de tal manera --y sí se puede--, todo lo demás pasa a segundo término, porque ese amor nos mueve a hacer lo que sea con tal de acercarnos más a él. Y una forma de aprender a amar a Dios es pensando en el padecimiento indecible de Jesús en el madero, el cual sufrió por nosotros.   
     Cuando Josué, ya viejo, sabiendo que su muerte se acercaba, se despidió del pueblo de Israel; y una de las cosas que les previno fue: “Por tanto, cuidad mucho por vuetras almas, que ameís a Jehová vuestro Dios”. Jos. 23.11. 

Monday, March 14, 2011

El rey cantandole al Rey

Elvis Presley fue conocido como el rey, el rompecorazones e ídolo de las multitudes, que con su forma de cantar y de moverse estremeció al mundo de la música popular, en la segunda mitad de los años cincuentas; el mundo ya no sería el mismo, porque había sido gravemente afectado por el rock and roll. Pero de la gran variedad de música que Elvis interpretó, su faceta de interprete de música cristiana fue una de las que mas satisfacciones le redituaría. El rey del rock and roll, el gran icono de la cultura pop, también le cantó al Rey de reyes y a la gran fe: la fe cristiana.
     Sabido era el habito de Elvis de juntar a sus músicos en su camerino, despues de algún concierto, para que lo acompañasen mientras él entonaba algunos de sus cantos de fe favoritos; mismos que por su calidad de interpretación, al ser grabados en el estudio se convertirían en parte del repertorio por el cual el cantante sería reconocido. Junto a canciones de renombre como Heartbreak Hotel, Jailhouse Rock, It’s Now or Never y Suspicious Minds en la memoria de los fans quedarían cantos como How Great Thou Art, He Touched Me y His Hand in Mine, todos ellos dirigidos a la persona de Jesús, e interpretados con un gran sentimiento.
     Ahora, no se sabe si lo que movía a Presley a cantarle al Mesías era un verdadero fervor o simple sentimentalismo, ya que bastante se ha hablado de las extravagancias del cantante respecto a su curiosidad por algunas formas extrañas de esoterismo. En el libro Elvis: What Happened? (Elvis: ¿Que pasó?), relato acerca de los últimos años de la vida del artista, tres de los hombres de su séquito, Sonny West, Red West y Dave Hebler, cuentan al escritor Steve Dunleavy que Elvis creía en algunas filosofías místicas, en la numerología y en la reencarnación; además de tener una morbosa fascinación por la muerte, tal vez a raíz del deceso de su madre. 
     Es difícil de saber, pero sí tiene sentido que como adulto Presley haya querido volver a sus raices culturales de muchacho del sur en Estados Unidos y, por nostalgia o por revivir el recuerdo de su madre, devolverse en el tiempo a traves de los cantos de su infancia y juventud,  que oía en servicios de la iglesia y la escuela dominical. Yo personalmente creo que tal vez haya sido sentimentalismo. Pero lo que sí es muy cierto es que al escuchar algunos de estos cantos en la voz del cantante, uno siente como si en ellos le fuera la vida y un deseo genuino de rendir su homenaje al glorioso redentor. 
     Elvis grabó varios discos con temas cristianos y hay por lo menos 10 cantos cuya interpretación y forma de proyectar son un gran balsamo espiritual, que en verdad inspiran al oyente a alabar y adorar a Dios. Estos se encuentran en YouTube:
“Somebody Bigger than You and I”
“Reach Out to Jesus”
“Only Believe”
“How Great Thou Art”
“He Touched Me”
“His Hand in Mine”
“I Believe in the Man in the Sky”
“Put your Hand in the Hand”
“If the Lord Wasn’t Walking by my Side”
“There is no God but God”

Friday, February 11, 2011

Luis Buñuel y la antirreligiosidad religiosa

“Yo soy ateo, gracias a Dios,” proclamaba Luis Buñuel en su habitual modo contradictorio, cuando se tocaba el tema de la religión; esa lucha eterna entre la negación y la aceptación de lo religioso, que fue la constante de su obra. Sin embargo, fiel a su crianza católica y a su amor por la cultura occidental --estimulados tal vez por un acogimiento inconsciente a la fe cristiana--, su obra epitomiza la condición espiritual del hombre pensante en la busqueda de su posición frente a lo desconocido, teniendo al Dios del cristianismo como referente primario.
     De la filmografía de Buñuel, una gran porción contiene motivos y personajes cristianos que son imposibles de pasar por alto: un viejo que lee versículos de la Biblia en voz alta, dos hombres que hacen su peregrinar religioso a Santiago Campostela, el anacoreta santo que vive en lo alto de una columna, un sacerdote y una novicia jovenes con conflictos espirituales, un Pastor protestante que no es ni bueno ni malo; y tantos otros elementos que bien pudieran dar lugar a sospechas de la religiosidad “encubierta” de don Luis.
     Pero, no es sólo el hecho que sus películas traten temas religiosos lo que hace suponer la inconsciente religiosidad del señor Buñuel, sino su manera de proyectarlos, demostrando siempre un conocimiento de causa que para nada es superficial, o neófito, sino que tiene la industria de lo que se es bien aprendido y practicado. En sus filmes las escenas de iglesia cobran vida por su realismo, y casi se puede oler el incienso y el humo de las veladoras, tan carácteristicos de la liturgia católica, lo que produce en el espectador la intensa sensación de compartir un momento "sacramental" con los personajes de la escena.
     Luis Buñuel no dudaba en gritar a los cuatro vientos que era "inanalizable" (no psicoanalizable). Pero imitando su propio estilo juguetón y antisolemne, nos podemos tomar la libertad de mirarlo bajo el lente freudiano, e insinuar que, detrás de su negación y resistencia, siempre existió el hombre que conservó el fervor del muchacho católico, que a los dieciseis años comulgaba de una forma regular. Y podemos pensar que todas esas alusiones de la cristiandad no eran sino manifestaciones de su subconciente, confesando a gritos su fe, con esa obsesión por el tema cristiano que siempre utilizó como parte del discurso --aunque fuera a manera de antítesis-- en su “disertación” de la verdad.
     Como última clave tenemos que considerar el hecho que don Luis pasó los últimos días de su vida en la compañía asidua del padre Julián, cura dominico con el que desarrollaría una amistad casi entrañable, y con quien también sostenía largas discusiones sobre religión y teología. Debemos también considerar el antecedente que el cineasta soñaba con el momento de la agonía, en que convocaría a sus amigos ateos para escandalizarlos, sometiendose delante de ellos (a manera de broma) al sacramento de la Extremaunción. ¿Y cómo sabemos si eso no pasó así, efectivamente...? Pero sin la broma.